Tráfico ilegal de especies en A. Latina está aumentando

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Con sus ecosistemas espectacularmente diversos, sus especies raras y endémicas, sus territorios remotos, leyes complicadas que rara vez son aplicadas, América Latina es un paraíso para el mercado ilegal de especies salvajes.

La diversidad de Suramérica y América Central es un imán para los traficantes de especies salvajes quienes tratan con lo raro y atípico. Brasil, por ejemplo, contiene del 15 al 20 por ciento de la diversidad biológica del planeta, y supuestamente suministra del 5 al 15 por ciento del tráfico de especies salvajes a nivel global.

Lo que es más impresionante de este mercado es la variedad de especies que involucra. Las aves — en particular, los loros, guacamayas y pájaros cantores — se encuentran entre los más traficados. Los reptiles, incluyendo a las iguanas y serpientes, son populares para el mercado de mascotas. Las tortugas son recogidas por sus huevos, su carne, y sus caparazones; los caimanes por sus pieles.

Lo que también llama la atención es el gran volumen y los altos precios pagados por delicias marinas que fueron obtenidas ilegalmente — desde aletas de tiburones, vejibas totoabas, pepinos de mar, y carne de caracol reina. Una gran variedad de otros animales también son traficados, desde jaguares, armadillos, monos, y ranas, hasta escorpiones y arañas.

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La guacamaya Lear en vías de extinción (Anodorhynchus leari). Las aves, adoradas por sus plumas y sus cantos, se encuentran entre las especies más traficadas de América Latina. Foto de Joao Quental licenciada bajo Creative Commons Attribution 2.0 Generic license.

Una vista cercana de una incautación de aves tropicales que fueron escondidas dentro de un asiento de carro en la frontera entre Estados Unidos y México en San Diego. Foto cortesía de USFWS.La escala y la complejidad del mercado negro en especies salvajes complican cualquier análisis de su tamaño. Las evaluaciones que existen tienden a centrarse en un sólo país de origen, un destino, una clase de animal, o una combinación de todos estos factores.

Pero a pesar de los buenos datos, una encuesta de reportajes en la prensa sobre casos en Suramérica, Centroamérica y el Caribe nos da un vistazo de las alarmantes dimensiones del mercado.

Un poderoso mercado nacional e internacional de aves 

Las aves se encuentran entre los muchos animales que se venden en el mercado negro latinoamericano. En Brasil, alrededor del 80 por ciento de los animales traficados son aves. Se buscan especialmente los psittaciformes (loros y guacamayas), coleccionados por sus plumajes coloridos, y los paseriformes (pájaros que se encaraman), buscados por sus habilidades musicales. Aunque existe un mercado de plumas y otras partes, la gran mayoría del mercado ilegal de aves se centra en los animales vivos o mascotas.

Contrabando de aves tropicales ocultos dentro de un asiento de autos en la frontera de EE.UU. en San Diego . Foto cortesía de USFWS
Contrabando de aves tropicales ocultos dentro de un asiento de un automóvil en la frontera de EE.UU. en San Diego. Foto cortesía de USFWS

Existe una larga tradición en varios países latinoamericanos, como Brasil, Perú, Ecuador y México, donde la gente tiene a pájaros de mascotas. “Es una tradición antigua” explica el periodista brasilero Dimas Marques. “Se les llama xerimbabos, lo que significa ‘cosa querida’ en el idioma indígena Tupi”.

La alta demanda nacional en gran parte estimula el tráfico de mascotas actual en la región. En Brasil, de acuerdo a Marques, “se calcula que el 60 por ciento de los animales que fueron capturados de forma ilegal abastecen el mercado nacional”.

Los Defensores de Especies Salvajes, en un estudio sobre el mercado ilegal de aves en México del 2007, descubrieron que alrededor del 90 por ciento de los 65.000-78.500 loros que se atraparon ilegalmente en México cada año estaban destinados al mercado nacional. De la misma manera, BirdLife International documenta que el 94 por ciento de los más de los 22.000 loros descubiertos cada año en mercados en Santa Cruz, Bolivia, fueron capturados de forma ilegal, y traficados de forma ilegal también, en violación de leyes nacionales.

Los mercados internacionales son significativos también, con Europa y los Estados Unidos como los destinos principales. Más de 9400 pájaros, o el 4 al 14 por ciento de los loros mexicanos salvajes, son contrabandeados hacia los Estados Unidos cada año.

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Pájaros tropicales contrabandeados escondidos dentro de tubos. Foto de Tom MacKenzie cortesía de USFWS.

En una investigación que tomó varios años en la República Checa, Operación Lora, centrada en el contrabando ilegal de raras aves como las guacamayas lear y jacintas de Brasil se descubrieron varias redes de contrabando incluyendo a una que operó a lo largo de cinco estados brasileños por una década.

Pájaros cantores como los pinzones son vendidos típicamente de manera legal e ilegal tanto en los mercados nacionales como los internacionales. Estos son especialmente valiosos para concursos de canto en muchos países latinoamericanos en Guayana, Surinam y Brasil. Como en las carreras de caballos, los participantes ganan dinero al elegir los ganadores — los pájaros que más y mejor cantan — mientras que los “dueños” hacen dinero al vender a los pájaros ganadores.

Estos cantores extraordinarios son valiosos también para los conocedores a nivel internacional. Los pinzones salvajes de Guayana pueden venderse por 5 dólares en mercados locales, pero valen de 500 a 10.000 dólares en los Estados Unidos, dependiendo del talento de canto de un pájaro individual, de acuerdo al New York Times.

El Servicio de la Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos ha arrestado a traficantes en varios casos de tráfico de pinzones. Un hombre en Nueva York fue detenido tres veces en los Estados Unidos y una vez en Guayana con pinzones escondidos. En otro caso un inmigrante guayanés contrabandeaba 13 pinzones de semilla de vientre castaño escondidos dentro de rizadores de cabello, y en otro, un señor mayor que viajaba desde Cuba traía 16 pinzones cubanos cosidos dentro de sus pantalones.

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Una inspección del Servicio de la Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos de peces tropicales importados de Brasil. Foto de Laurel Neme.

El juego de cáscaras del tráfico de aves

Uno de los pasos más importantes necesarios para reducir el tráfico de aves y otras especies latinoamericanas implica reforzar las leyes en los países de origen.

En Brasil, por ejemplo, las leyes nacionales prohíben la venta de animales salvajes, pero es legal poseer aves y otros animales salvajes si son criados en cautiverio. Obviamente, a la policía les resulta virtualmente imposible saber si un animal en particular fue capturado en su hábitat salvaje o en cautiverio. Es un vacío legal del que se aprovechan los traficantes, y como resultado, existen más de 1000 criadores de cautiverio en el país — la mayoría de ellos no son regulados ni monitoreados.

Los traficantes y criadores a menudo falsifican permisos y documentos comerciales, o añaden aves ilegales a cargas legales, o pasan una especie ilegal por una legal. Por ejemplo, en Operación Lora las autoridades descubrieron que las guacamayas jacintas (Anodorhynchus hyacinthinus), las cuales no se pueden vender, fueron identificadas como guacamayas azules y amarillas (Ara ararauna), las cuales se encuentran en la lista Apéndice II de CITES que les permite ser vendidas.

“Lo que vemos es que las mismas especies que son legales de obtener también son las especies que se capturan de forma ilegal”, explicó Carlos Abreu, analista con la agencia ambiental brasileña, IBAMA. “Ellos capturan el animal y hacen parecer como si hubiera sido criado en cautiverio. Así nos dimos cuenta que la venta legal produce para los mercados ilegales”.

El impacto de la venta ilegal de pájaros en las poblaciones de aves y ecosistemas en América es devastador; no tiene sentido ya que hasta el 90 % de las aves mueren en tránsito. Sin embargo, las enormes ganancias hechas por los traficantes con el 10 % que sobrevive valen más que riesgo de enfrentarse a arrestos o a multas. El tráfico es hoy en día la segunda amenaza para los loros después de la pérdida de sus hábitats salvajes, de acuerdo a Juan Carlos Cantu, director de la oficina de México de Defenders of Wildlife.

La seria amenaza de la pesca de tiburones por sus aletas

Cada año, 73 millones de tiburones mueren para abastecer el mercado global de la sopa de aleta de tiburón, una delicia que se sirve en bodas y banquetes chinos como un símbolo de riqueza. Un sólo tazón de sopa puede costar hasta 100 dólares, estimulando la demanda y llevando a una disminución en algunas poblaciones de tiburones de hasta un 98 por ciento.

La venta de tiburones puede ser legal en América Latina, dependiendo del país, de la especie, y de muchos tecnicismos. Por ejemplo, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Venezuela permiten la venta comercial de tiburones pero restringen o prohíben su pesca por sus aletas.

Por supuesto, el monitoreo de tal distinción resulta problemático, y a menudo se ven señales cruzadas sobre lo que resulta legal o ilegal. En marzo del 2015, el gobierno de Costa Rica provocó protestas cuando autorizó la exportación de 900 kilos de aletas de tiburones martillo hacia Hong Kong.

Un almacén de aletas de tiburón en Singapur. El hambre china por la sopa de aletas de tiburón está eliminándolos de los océanos. Foto de xmacex licenciada bajo Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic license.
Un almacén de aletas de tiburón en Singapur. El hambre china por la sopa de aletas de tiburón está eliminándolos de los océanos. Foto de xmacex licenciada bajo Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic license.

A pesar de muchas restricciones a nivel nacional, la pesca de tiburones por sus aletas sigue siendo un problema de dimensiones industriales. A mediados de octubre del 2015, autoridades mexicanas incautaron 3,5 toneladas de aletas secas, y en mayo del 2015, la policía ecuatoriana incautó 200.000 aletas en el puerto de Manta.

En Costa Rica, las autoridades incautaron 158 kilogramos de aletas en julio del 2015, 153 aletas ilegales en el 2014, 120 en 2012 y 650 en 2011. En el caso del 2011, las aletas aún estaban unidas a la columna del animal en una práctica llamada “spining de tiburones” que busca evitar la ley que requiere que las aletas se encuentren “unidas de forma natural” a los cuerpos de los tiburones. El plan funcionó. En abril del 2014, un juez falló que el “spining de tiburones” era legal y ordenó el gobierno a reembolsar al capitán del barco por las aletas confiscadas.

Costa Rica no es el único país atrapado en la contradicción de sus propias leyes confusas. Ecuador, por ejemplo, tiene un vacío en la ley que permite la pesca “incidental” de tiburones, dejando a la policía con la tarea casi imposible de diferenciar entre tiburones que fueron pescados de manera intencional, y los que fueron pescados de manera incidental.

Caen las poblaciones de pepinos de mar

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Los pepinos de mar en un mercado en Singapur. Foto de ProjectManhattan licenciada bajo Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported license.

Los pepinos de mar, las criaturas tubulares con la piel parecida al cuero que se encuentran en las costas de América Latina, también son considerados una delicia en China, donde se pueden vender por hasta 300 dólares la libra.

Al igual que con las aletas de tiburón, la venta ilegal de pepinos de mar se ha vuelto un mercado enorme. En junio del 2015, las autoridades ecuatorianas incautaron 10.852 pepinos de mar (262,8 kilogramos) en el aeropuerto de San Cristóbal. Ese mismo mes, la policía federal mexicana incautó una carga ilegal de 17 toneladas de pepinos de mar en el Aeropuerto Internacional de Cancún, y en julio del 2013, confiscaron cinco toneladas al sur de México.

Los carteles de tráfico de drogas se han adentrado al negocio; Mexico News Daily documenta que las altas ganancias en la venta de pepinos de mar llevaron a peleas entre pandillas opuestas en Yucatán y Campeche en septiembre del 2014. Otros medios mexicanos documentaron un robo bien planeado, donde diez hombres con armas atacaron tres guardias armados y robaron 3,5 toneladas de pepinos de mar deshidratados en El Cuyo en la península de Yucatán en abril del 2015.

Las cantidades de pepinos de mar han disminuido enormemente por toda América Latina, especialmente en la cosa continental del Ecuador y en las Islas Galápagos, así como en México.

Totoaba en las cuerdas

Los carteles de droga mexicanos están supuestamente muy involucrados en el mercado ilegal de totoaba, el tráfico de un pez en peligro endémico al Golfo de California, o al Mar de Cortez que se encuentra entre la Península de Baja y México continental. La totoaba es considerada valiosa por sus vejigas que se usan para una sopa especial; cada pez puede ser vendido por entre 10.000 y 20.000 dólares cada uno en los mercados asiáticos.

El tráfico de totoaba es un juego de altas apuestas. En junio del 2014, el capo de la droga Samuel Gallardo Castro fue asesinado, supuestamente porque debía un millón de dólares por un cargamento de totoaba. Castro era el líder de un grupo de crimen organizado en el pueblo del estado de Sonora, El Golfo de Santa Clara.

Las vejigas de totoaba secándose en el sol de Hong Kong. Foto de Haosmwkmn licenciada bajo Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported license.
Las vejigas de totoaba secándose en el sol de Hong Kong. Foto de Haosmwkmn licenciada bajo Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported license.

La pesca de totoaba es ilegal en México, y las especies se encuentran en la lista Appendix I de CITES, la cual prohíbe su mercadeo a nivel internacional. Pero el contrabando persiste por lo que el Britain’s Daily Mail llama “la cocaína acuática”. En el 2013, la policía mexicana incautó un cargamento de totoaba con un valor de 2,25 millones de dólares.

En el 2013, inspectores estadounidenses de la frontera con México en Calexico incautaron 483 libras de totoaba, lo que representaba 500 peces en peligro, y culparon a siete personas en casos separados. En julio del 2015, la Fuerza de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP) en Puerto Rico incautó 602 kilogramos de totoaba dentro de encomiendas de mensajería enviadas desde Venezuela, destinadas hacia Hong Kong.

La venta ilegal de totoaba también causa daños colaterales: le causa daño a la vaquita en peligro, una especie de marsopa de la cual sólo quedan 200 individuos también endémicos al Golfo de California. Las vaquitas no son buscadas por los traficantes de totoaba, pero son pesca incidental; se ahogan en redes de pesca para atrapar totoaba.

Los caracoles reina disminuyen

Existe un mercado legal en América Latina de caracoles reina (Lobatus gigas), un caracol gigante de mar valioso por su carne y por su cáscara. Pero su pérdida ha resultado en una plétora de restricciones legales en los países del Caribe, donde se movilizan los traficantes.

De acuerdo a un análisis de Defenders of Wildlife, el caracol reina es la especie ilegal más traficada desde América Latina hasta los Estados Unidos, representando el 18 por ciento de los cargamentos ilegales incautados por las autoridades estadounidenses (la pesca de caracoles reina está prohibida en Florida y todas las aguas adyacentes).

La demanda internacional estimula la demanda en el tráfico en el Caribe: casi el 80 por ciento de toda la carne de caracoles es importada por los Estados Unidos, y el resto va a Francia. El periódico Sun Sentinel de Florida reporta que los traficantes compran los caracoles en el mercado negro por cuatro dólares la libra en Bahamas y los venden a restaurantes a nivel local por 16 dólares la libra — un margen de ganancias que mantiene fuerte al mercado negro.

Una incautación de caracol reina en Brownsville, Texas. Foto cortesía de USFWS.
Una incautación de caracol reina en Brownsville, Texas. Foto cortesía de USFWS.

Reptiles en problemas

América Latina es una fuente de reptiles para el mercado de mascotas y de pieles. Gran parte de ese mercado es legal y destinado a los Estados Unidos. Desde 2004 al 2009, los Estados Unidos importó de forma legal 8,3 millones de reptiles salvajes de todo el mundo. El Salvador y Colombia se encuentran entre los 10 países exportadores.

Sin embargo, una gran parte del mercado de reptiles es ilícito: en octubre del 2015 Defenders of Wildlife publicó un reporte, Luchando contra la Trata de Vida Silvestre de América Latina para los Estados Unidos, que descubrió que cuatro de los cinco animales — o productos animales — más incautados en los cargamentos en Estados Unidos son reptiles — incluyendo a partes de tortugas marinas (15 por ciento), caimanes (9 por ciento), cocodrilos (9 por ciento), e iguanas (9 por ciento).

Un caimán salvaje en Brasil. El caimán es valorado como mascota y por su piel. Foto de Laurel Neme.
Un caimán salvaje en Brasil. El caimán es valorado como mascota y por su piel. Foto de Laurel Neme.

Brasil tiene un enorme mercado nacional de reptiles. Una gran variedad de serpientes venenosas también son valiosas para el mercado de curas caseras biomédicas. La venta ilegal es una gran amenaza para algunas especies como el cabeza de lanza de oro (Bothrops insularis), la cual se encuentra críticamente en peligro y es endémica de la Isla Queimada Grande en la costa brasileña del estado de São Paulo; es una especie que se puede vender por hasta 30.000 dólares en el mercado negro.

Los criadores y vendedores en el mercado de mascotas buscan especialmente a reptiles raros que puedan propagar descendientes de colores únicos, o mezclas. La Operación Lucy fue una investigación de muchos años sobre el robo de una boa leucística salvaje única llamada Princesa Diamante, contrabandeada desde Brasil por un coleccionista estadounidense, Jeremy Stone; crió la serpiente y vendió sus crías. Después de que Stone admitiera su culpabilidad en julio del 2014, el pretendió que la serpiente había muerto pero que falsificó sus crías, las cuales fueron devueltas a Brasil.

Como con la Princesa Diamante, animales vivos son anunciados a menudo por el internet. En el 2011, autoridades brasileñas en Operación Arapongas desmantelaron una red de contrabando de animales que operaba por internet en siete estados brasileños. Ellos incautaron 2631 animales salvajes que se vendían por internet, incluyendo cocodrilos, serpientes, y lagartos.

Muchos traficantes que son atrapados resultan ser criminales reincidentes. Por ejemplo, en julio del 2012, oficiales del Parque Nacional Galápagos encontraron cuatro iguanas terrestres de Galápagos en las maletas de un hombre alemán, quien había sido procesado antes por traficar una iguana con cresta Fiji la cual está críticamente en peligro de extinción.

Una iguana de piedra San Salvador. Los reptiles para el mercado de mascotas se encuentran entre las especies salvajes más traficadas. Foto de James St. John licenciada bajo Creative Commons Attribution 2.0 Generic license.
Una iguana de piedra San Salvador. Los reptiles para el mercado de mascotas se encuentran entre las especies salvajes más traficadas. Foto de James St. John licenciada bajo Creative Commons Attribution 2.0 Generic license.

De forma similar, en septiembre del 2015, las autoridades ecuatorianas pararon a un hombre mexicano, Gustavo Eduardo Toledo-Albarran, el cual traficaba nueve iguanas marinas y dos iguanas terrestres en su equipaje desde la isla de Galápagos de Santa Cruz. No fue su primer arresto. En 2010, el y sus cómplices, Thomas Price de Suiza y Manfred Walter Bachmann, un alemán que vivía en Uganda, fueron encarcelados por traficar 16 geckos enjoyados desde Nueva Zelandia.

Cuanto más raro el animal, más parece ser deseado, y más alto el precio que demanda. Las autoridades británicas, por ejemplo, incautaron 13 iguanas de roca San Salvador en peligro que venían desde Bahamas hasta el Aeropuerto Heathrow en febrero del 2014 — una especie tan rara que se cree que sólo quedan unos cuantos centenares. Las iguanas se encontraban escondidas dentro de unas medias. Las autoridades devolvieron los reptiles a Bahamas.

Existe un mercado grande legal e ilegal en caimanes latinoamericanos, los cuales se venden como pieles para la industria de la moda. De acuerdo a un estudio de las Naciones Unidas, alrededor del 50 por ciento de las 1,2 millones de pieles de cocodrilos vendidas de forma legal (las cuales pueden ser recogidas de áreas salvajes, criadas en cautiverio, o en fincas) vienen de especies de Sur y Centroamérica.

Como es el caso con tantos otros animales, el mercado legal a menudo sirve para esconder el tráfico ilegal. Bolivia tiene un mercado legal bastante grande, con fincas como Crocoland. Mientras que Crocoland inicialmente contaba con 2000 animales salvajes atrapados para criaderos en cautiverio, continúa atrapando animales de sus hábitats salvajes para que su población crezca, de acuerdo a Altotero. En abril del 2013, la policía boliviana incautó 5000 caimanes bebés y 500 pieles en una estación de control en Pailas, en el departamento de Santa Cruz.

El número de caimanes ilegalmente capturados es significativo. De acuerdo al Primer Reporte Nacional sobre el Tráfico de Animales Salvajes por RENCTAS, una ONG brasileña, un millón de caimanes son capturados de forma ilegal cada año en el Pantanal y miles más en la Amazonía. Las pieles a menudo se llevan a países vecinos donde son procesadas y enviadas con documentación falsa.

Las tortugas son de mucho valor para los traficantes, probablemente porque se las busca por varias razones, incluyendo sus huevos, carne, cuero, y caparazones, así como para ser mascotas.

Una tortuga marina Olive Ridley. Foto de Liz Roy licenciada bajo Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported license.
Una tortuga marina Olive Ridley. Foto de Liz Roy licenciada bajo Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported license.

En Operación Central, una investigación que le llevó al Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos varios años, los agentes disolvieron cuatro grupos traficantes de tortugas — dos establecidos en México y dos en China. Junto con las autoridades mexicanas, descubrieron el tráfico de 25 cargamentos distintos que incluyeron 700 pieles tratadas de tortugas marinas, caimanes, serpientes pitones, y otras especies protegidas, así como más de 100 objetos hechos de especies salvajes, como botas de piel de tortuga marina, cinturones, y billeteras.

Con respecto a los huevos, Costa Rica es un centro del tráfico porque sus playas son lugares favoritos por las tortugas laúd y otras especies de tortugas marinas. Desafortunadamente, las mismas características que atraen a los reptiles en época de reproducción — el aislamiento y la falta de luz — también atraen a los cazadores furtivos que desentierran los nidos por la noche y venden los huevos.

Los voluntarios locales monitorean muchas playas que sirven de nidos para las tortugas, pero estas patrullas pueden ser mortales. En mayo del 2013, los cazadores furtivos liderados por el nicaragüense Felipe “Renco” Arauz, un criminal traficante de drogas, asesinó al conservacionista costarricense de 26 años Jairo Mora Sandoval, quien trataba de proteger los nidos de tortugas. El asesinato suspendió el monitoreo de tortugas y expuso lo que el autor Scott Wallace llamó “una superposición creciente entre la caza furtiva de animales y el tráfico de drogas en la costa caribeña del país”.

Tanto la caza furtiva como el riesgo de la violencia persisten. Desde marzo hasta mayo del 2014, la policía de Costa Rica confiscó más de 2000 huevos de tortugas, y en junio del 2015, once voluntarios con la Sea Shepherd Conservation Society fueron atacados por cazadores furtivos mientras patrullaban la Playa Pacuare de Costa Rica.

Una epidemia de tráfico de especies salvajes

Aunque no se conoce el tamaño del mercado Sur y Centroamericano, la evidencia sugiere que es grande y que está creciendo rápidamente. La ONG brasileña RENCTAS, la red para luchar contra el tráfico de animales salvajes, calcula en su estudio del 2001 que el tráfico de animales caza alrededor de 38 millones de animales salvajes cada año tan sólo en Brasil. En Perú, 400 especies diferentes de fauna y flora son vendidas de forma ilegal. En Colombia, 58.000 animales traficados son incautados cada año, y miles más han sido rescatados en Bolivia, Brasil y Paraguay, entre otros.

Pirañas en una tienda en Brasil. Foto de Laurel Neme.
Pirañas en una tienda en Brasil. Foto de Laurel Neme.

El tráfico parece ser un negocio lucrativo que crece rápidamente: en México, por ejemplo, 2700 animales fueron confiscados en el 2012; aquel número creció a más de 480.000 animales rescatados en el 2014. Las cifras crecientes de animales “rescatados” crea problemas a los conservacionistas — abastecer hogares, cuidado, y servicios de repatriación para animales enfermos o lesionados es un desafío que pocos países en desarrollo pueden pagar, y existen pocas ONG que puedan hacer este trabajo.

Lo que está obviamente claro mientras se estudia el mercado creciente es que los crímenes contra el medio ambiente deben ser tomados más seriamente por los países de origen de América Latina, y en países destino como China. Los vacíos legales que benefician a los traficantes deben ser cerrados, y los esfuerzos policiales deben recibir más fondos. También es obvio que hace falta mayor esfuerzo para estudiar el tamaño del mercado, para poder centrar la atención y los recursos que hacen falta para enfrentarse al desafío.

Articulo original: Mongabay

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