Un animal cuyo número no alegra a nadie

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Cerro Sombrero, Chile – Los folletos de Tierra del Fuego olvidan mencionar los disparos.

Los disparos perforan el aire desde la brumosa estepa patagónica a los densos bosques de hayas durante meses cada año. Cazadores, armados con rifles telescópicos, recorren el archipiélago en el extremo sur de Sudamérica en camionetas mientras buscan a su presa: el guanaco.

El guanaco, primo salvaje de la llama, se caza en grandes franjas del continente. Si bien su caza es legal en Chile, la matanza de las manadas de guanacos de Tierra del Fuego abrió un intenso debate sobre la frágil recuperación de esta especie nativa, y sobre los intereses de poderosas e influyentes madereras y granjas, que sostienen que el aumento de guanacos es perjudicial para sus negocios.

“Somos testigos de una obediencia grotesca a los empresarios que ven a una criatura de notable belleza y resistencia como una molestia”, dijo Valeria Muñoz, una destacada activista de los derechos de los animales en Punta Arenas, la capital regional. “Es parecido a la mentalidad del siglo 19, donde la tala y el pastoreo triunfa por sobre todo lo demás.”

En otras partes de Sudamérica, se creó la caza de animales para el control de la población y para frenar las especies invasoras. En Colombia, la caza se dirige a los descendientes de hipopótamos que introdujo Pablo Escobar. En Ecuador, los guardaparques de las Islas Galápagos montaron una campaña de erradicación contra las cabras que consumen el alimento de especies nativas como las tortugas.

Sin embargo, la caza de guanacos en Chile se relaciona más con el control de especies nativas que se disputa en países como Australia, donde la caza del canguro levantó la ira de grupos de derechos de los animales y funcionarios de turismo que dicen que la matanza mancha la reputación de un lugar remoto donde los visitantes a menudo se sorprenden al encontrar manadas de guanacos silvestres.

La caza del guanaco está prohibida a lo largo de las principales carreteras que atraviesan Tierra del Fuego  (tierra dividida entre Chile y Argentina, que sobresale de la parte continental de Sudamérica como una cresta). Sin embargo, los signos de muerte son claros a lo largo de las carreteras secundarias durante la temporada de caza en el invierno chileno.

Tomas Munita para el New York Times
Tomas Munita para el New York Times

Los disparos de los rifles de los cazadores hacen eco a través de los bosques de lenga. La sangre de los guanacos que fueron cazados mancilla la nieve. Mientras se comunican con los cazadores por radioteléfono, los equipos de trabajo van en busca de los cadáveres para izarlos en sus camionetas y transportarlos a los mataderos.

Los ganaderos, a quienes se les permite cazar, argumentan que son víctimas de ciertas políticas que se expandieron a las manadas de guanacos de Tierra del Fuego en las últimas décadas. En 1970, después de la caza furtiva generalizada, se pensó que solo unos pocos miles de guanacos permanecían en la isla principal de Tierra del Fuego, un área más grande que Bélgica.

La represión con respecto a la propiedad de armas de fuego en la dictadura de Augusto Pinochet abrió el camino para los esfuerzos de conservación del guanaco. El número de guanacos en la parte chilena de Tierra del Fuego subió alrededor de 150.000, según el Servicio Agrícola y Ganadero de Chile. Las autoridades permitieron un máximo de 4.125 muertes este año.

“Además de competir por alimento con nuestras ovejas, ahora los guanacos de Tierra del Fuego son un riego para los automovilistas que intentan no colisionar con ellos cuando cruzan nuestros caminos” dijo Eduardo Tafra, un ganadero quien se dedica a la carnicería en su matadero en Cerro Sombrero.

“No queremos que se extinga el guanaco”, explica Trafa “sin embargo, no podemos quedarnos de brazos cruzados y ver cómo amenazan nuestro sustento”.

Tomas Munita para el New York Times
Tomas Munita para el New York Times

La cultura ganadera de Tierra del Fuego tiene sus raíces en las operaciones de pastoreo de fines del siglo XIX, establecidas en gran parte por los colonos británicos que desplazaron a los cazadores nómadas de guanacos. A principios del siglo XX, los Selk’nam, el pueblo indígena que habitó Tierra del Fuego durante miles de años, había sido casi completamente aniquilado en una campaña de exterminio brutal.

Durante todo este proceso, los guanacos, una de las principales fuentes de alimentación para los Selk’nam, habitaron en Tierra del Fuego y otros lugares de la Patagonia. Se cree que estos animales fueron vislumbrados por primera vez por los europeos en 1520, cuando Fernando de Magallanes, un explorador que navegó a través del estrecho que lleva su nombre, contó haber visto “un camello sin jorobas”.

Siendo parte de la familia de los camélidos, los guanacos en algún momento llegaron a ser 50 millones en Sudamérica. Esta cantidad es muy parecida a otros animales ungulados  alrededor del mundo como los caribúes, los ñus y antílopes saiga africanos , según el zoólogo estadounidense William G. Conway.

La aprobación del gobierno sobre la matanza de guanacos ha sido la razón de lucha de activistas de los derechos de los animales y funcionarios de turismo.

“Números enormes de guanacos frecuentan estas mesetas sombrías”, escribió el explorador británico Hesketh Prichard, en Through the heart of Patagonia, un libro publicado en 1902 en el que describe la caza de guanacos. “Son tan mansos como los ciervos de parques ingleses, lo que nos permite acercarnos hasta unos 70 u 80 metros”.

A medida que las manadas de ovejas se expandieron, el número de guanacos se desplomó a tal punto de alcanzar los 500 mil, afirma Cristóbal Briceño, un experto en guanacos de la Universidad de Chile. Las manadas han disminuido significativamente en otras partes de Chile donde alguna vez fueron abundantes, agrega.

Si bien el guanaco no es considerado una especie en extinción en el continente, aun se ve amenazado por la caza furtiva y la degradación de los pastizales, y es probable que se extinga en varias regiones que conforman su área de distribución histórica, según informa la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza.

Durante la última década, las autoridades de Chile han permitido la caza de guanacos en Tierra del Fuego, argumentando que  es necesario para mantener una población “sostenible” que no afecte otros pilares de la economía regional.

Por lo general, aquí los residentes no comen carne de guanaco, la mayor parte es exportada a Europa. (A excepción del restaurant La Cuisine, en Punta Arenas que ofrece Guanaco Grand Veneur, un estofado del camélido en salsa de calafates acompañado de puré de papas y zapallo).

“Supervisamos todos los aspectos de la caza para asegurarnos de que se lleva a cabo de la manera adecuada”, dijo Nicolás Soto Volkart, un funcionario del Servicio Agrícola y Ganadero en Punta Arenas. “Estamos convencidos de que es una buena política ya que el número de guanacos se recuperó desde los años 70”.

Sin embargo, las tensiones son altas en torno a la cacería de guanacos, herbívoros que comen de todo desde cactus hasta líquenes y hongos. En el 2012 surgió una propuesta para expandir un programa que permitiera a turistas participar en cacerías de guanacos, pero poco después recibió fuertes críticas.

Los defensores de la “reintroducción de especies” en los bosques  se basan en restablecer los ecosistemas a algo semejante a como funcionaron alguna vez, ellos aseguran que los guanacos podrían ayudar a las áreas donde son reintroducidos a dispersar las semillas de ciertos tipos de árboles.

 “Los guanacos parecen ser una importante especie en extinción que suele jugar un importante rol ecológico”, explica Meredith Root-Bernstein, una científica de la conservación en la Universidad Aarhus en Dinamarca.

Debido a la creciente resistencia en Chile a la caza de varias especies, los funcionarios del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) siguen inquietos luego de que este año manifestantes atacaron su edificio en Punta Arenas con bombas incendiarias en respuesta a una propuesta de permitir la caza de perros salvajes acusados de atacar a las ovejas.

Incluso en temporada de caza, las siluetas  de los guanacos se deslumbran en diversos tramos a lo largo del estrecho de Magallanes. Los guanacos a menudo miran los vehículos que se acercan antes de alejarse por la estepa.

“Cazar estos animales son una aberración que refleja nuestras prioridades sesgadas”, explica Enrique Couve, presidente de la Cámara de Turismo de Tierra del Fuego.

“El guanaco es considerado un tesoro de la Patagonia, que a su vez da una sensación de maravilla a quienes tiene la suerte de vislumbrarlo”, explica, “Y aquí estamos, viendo cómo son asesinados como si fueran algún tipo de plagas”.

Por Simon Romero. 25 de septiembre del 2014 – Link al original en el New York Times

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